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Profr. Victorino Carranza García. 

El 16 de abril de 1573 el Rey de España Felipe II expedía una real cédula en donde ordenaba la fundación de dos pueblos, Charcas y Tepezalá, (este último actualmente se encuentra al norte del Estado de Aguascalientes), seguramente para contener los ataques de los habitantes primarios de estos lugares, pues en el caso de Charcas se encontraba en el corazón de la guachichila, una región sumamente peligrosa; como dice el historiador José Antonio Rivera Villanueva “…la línea imaginaria de la frontera chichimeca se empezó a  mover realmente a partir de 1573, cuando los mineros españoles descubrieron oro y plata en la sierra de Charcas incursionando en pleno corazón de la guachichila…” la línea imaginaria de la frontera chichimeca era el “Camino de la Plata” o “Camino Real de Tierra Adentro”, al sur estaban los indígenas que se habían unido a los españoles al norte los que todavía no habían conquistado.

Por: Profr. Victorino Carranza Garcia

Una de las grandes epidemias en nuestro país fue lo que se conoció como Gripe Española, que en si era una influenza, que se inicio en nuestro país en el otoño de 1918, todavía recordamos las pláticas de las abuelitas que recordaban enorme cantidad de enfermos y muertos que habla cada dia, eran muchos los muertos que diariamente llevaban al panteón, en una reunión de Cabildo efectuada el 15 de octubre de este año se asentaba.

ESTA PIEZA ES UNA CALCITA QUE PERTENECIÓ A ROGER CAILLOIS, QUE APODÓ ESTA "ESCULTURA": LA MUJER Y EL NIÑO.

La calcita presentada, de la mina Charcas en México, es blanca con un brillo perlado. Fue después de la fundación Caillois en 1988 que esta pieza se unió a la colección del Museo Nacional de Historia Natural. Esta muestra forma parte actualmente de la exposición Tesoros de la tierra

Calcita blanca con un brillo nacarado, llamada
Calcita blanca con un brillo nacarado, llamada "La mujer y el niño" (N ° 188.74) © MNHN - Alain Dahmane

 

16 de Enero de 2019

Más allá de los ‘chalecos amarillos’, Francia vive estos meses otras revoluciones de apariencia más discreta, ocultas en parte por el fragor popular que desde finales de noviembre, de sábado en sábado, conoce el país. 

Una de ellas tiene que ver con la restitución a África del patrimonio expoliado desde finales del siglo XVIII, durante la colonización, las expediciones científicas y otras conquistas más o menos sanguinarias. El asunto convulsiona el mundo cultural francés y sus mercados desde noviembre.

Por razones que le son propias, el presidente Emmanuel Macron ha prometido a África la pronta restitución, “temporal o definitiva”, de su patrimonio expoliado y ha originado así una potencial hecatombe museística o, cuando menos, un inquietante rompecabezas diplomático para él y sus sucesores.