De Rito Gaitán Lugo

CHARCAS, SLP.- Cierto, cuántas cosas persisten en este pedacito de tierra potosina, rinconcito minero llamado Charcas, a través de cientos y cientos de años; han permanecido y seguirán estando para deleite y orgullo nuestro, así como en el remoto pasado fueron mensajeros de aconteceres, ora anunciando buena ventura o presagiando sucesos desagradables. Pero uno de los grandes tesoros que nos ha obsequiado el eterno girar y girar del Universo, es el hermoso manto poblado de mil lucecillas que por las noches te sonríen, y cual madre amorosa, con mil ojos vela tu sueño dándote cobijo y protección. 

 

¿Te has puesto a observar con la vista fija en el azul cobalto que anuncia el estío, o el prometedor azul de Prusia, compañero de la época primaveral? Bóveda inalcanzable, pero con la magia de tu pensamiento e imaginación te puedes remontar hasta allá, hasta lo ignoto, donde te espera un cúmulo inaudito de parpadeantes luciérnagas para platicar contigo y hacer realidad tus sueños. 

Ahora bien: ¿Cuántas veces en las noches tranquilas cuando pasees por las calles, la campiña o simplemente te extasíes con la transparente luz del gran ojo que desde su infinita distancia te contempla? Has pensado en mostrar agradecimiento por la inmensa fortuna de vivir en este lugar donde hasta el cielo es tuyo, y además te pertenece con sus millones de linternitas que noche tras noche lo adornan con mil figuras de cuentos orientales, y ponte a pensar, también, en la gran fuente de luz al igual que las estrellas, se une a tu imaginación… con la seguridad de tu presencia, disfruta lo intangible que te ofrece el terruño, al igual que lo hizo con amor filial, a tus antepasados.

Publicado en Diario del Altiplano