Charcas San Luis Potosi Una Ciudad con Tradiciónes

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El nombre de “Santa María de las Charcas” que los españoles impusieron al mineral fue en honor de la “Virgen María” y “Charcas” es en referencia a la región minera que se encuentra al norte de Sucre en Bolivia. Esta región llegó a ser una intendencia muy importante pues su jurisdicción abarcó una parte del norte de Argentina y otra de Uruguay, destacándose esta región por su riqueza.

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Anécdota de Rito Gaitán Lugo

CHARCAS, SLP.- Una noche, al filo de las nueve, cuando me encontraba de guardia en el hospital de la Cía. Minera Asarco, llevaron en un armón desde la estación del ferrocarril de “Los Charcos”, a un señor accidentado. Se trataba del conductor de un “tren de carga”, quien, al querer subir a su carro-oficina estando en plena marcha, resbaló y fue a dar a uno de los rieles, sufriendo un terrible traumatismo en sus piernas.

 Ante la gravedad del accidente, con urgencia mandé localizar al doctor, mientras tanto pedí lo pasaran a la sala de operaciones. El señor me veía con una expresión en que mezclaba sonrisa, dolor, angustia y desatino, acompañada por una franca somnolencia. Antes de colocarlo en la mesa para la posible cirugía, me di cuenta que sus piernas le colgaban meciéndose, como si estuvieran desprendidas, no obstante que el pantalón parecía no estar mutilado, solamente denotaba cierta mancha de humedad en la parte superior de la rodilla.

Una vez despedidos sus angustiados compañeros, procedí a las preguntas de rigor: ¿Cómo fue y qué tiempo hacía? El señor, sin contestarlas, me clavó su mirada suplicante y me dijo:

-Señor. ¿Por favor, me quiere quitar los zapatos? Si viera cómo me aprietan.

Con un movimiento de cabeza accedí. Rompí el pantalón y descubrí que sus piernas solamente estaban sostenidas por pedazos de piel amoratada, producto del tremendo traumatismo. Tomé las tijeras y corté los colgajos, retiré las mutiladas piernas y las puse en el cesto de los desperdicios, procedí intrigado a desprender los zapatos y, al mostrárselos, el señor conductor, con cara de alivio y satisfacción, me contestó:

-Señor… Muchas gracias. Viera cómo descansé. ¡Ya no me aprietan!

¿Qué sentiría usted ante estos terribles dramas? Cierto que perdemos algo de sensibilidad al dolor y a la muerte, pero en el fondo seguimos teniendo corazón, sentimientos y, lo que es mas importante: seguimos siendo humanos.

Publicado en Diario del Altiplano