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16 de Enero de 2019

Más allá de los ‘chalecos amarillos’, Francia vive estos meses otras revoluciones de apariencia más discreta, ocultas en parte por el fragor popular que desde finales de noviembre, de sábado en sábado, conoce el país. 

Una de ellas tiene que ver con la restitución a África del patrimonio expoliado desde finales del siglo XVIII, durante la colonización, las expediciones científicas y otras conquistas más o menos sanguinarias. El asunto convulsiona el mundo cultural francés y sus mercados desde noviembre.

Por razones que le son propias, el presidente Emmanuel Macron ha prometido a África la pronta restitución, “temporal o definitiva”, de su patrimonio expoliado y ha originado así una potencial hecatombe museística o, cuando menos, un inquietante rompecabezas diplomático para él y sus sucesores. 

Aunque ni Egipto, ni el Magreb, ni ninguna otra región del globo ajena al África Subsahariana están en principio concernidas por su compromiso, las consecuencias de ese “capricho principesco”, como lo han denominado sus detractores, son difíciles de predecir. El que sólo esa parte de África sea la única del mundo donde Macron quiere que se haga justicia tampoco ha sentado muy bien en ciertos círculos. 

"El Museo Real del África Central de Bélgica posee 180.000 piezas africanas, el futuro Humboldt Forum de Berlín, 75.000, y el British Museum 69.000"

La restitución definitiva de más de 90.000 piezas que se calcula podrían verse afectadas es imposible –entre otras razones porque ya sólo designar a sus dueños es una tarea complejísima– pero la idea hace tambalear los pilares jurídicos que desde hace más de dos siglos sustentan el carácter inalienable del patrimonio nacional francés. 

Entre las mil y una repercusiones del proyecto presidencial, valga como ilustración la historia de una pequeña tonelada de hierro caída del cielo en territorio mexicano. 

Hablamos de Charcas y del pequeño municipio del mismo nombre donde aterrizó ese meteorito, en el centro norte de México, que desde hace años intenta recuperar la que era allí una de sus principales joyas, hasta que a mediados del siglo XIX un mariscal francés la carranceó y se la trajo a París.  

Gracias a Macron, el sueño de que esa piedra sideral retorne a su lugar de aterrizaje ya no es irrealizable. Al contrario, por su valor intrínseco, por el que le atribuían en el altiplano potosino donde aterrizó y por la manera y el momento en que se lo llevaron de su tierra, diríase que Charcas es un caso modélico para beneficiarse, tarde o temprano, de la nueva era patrimonial que se abre en Francia y quizás en Europa. Hasta tiene un museo en plena ampliación esperándole, lleno de proyectos para impulsar la ciencia, la cultura, el turismo y la economía de la región.  

Del lado francés, las circunstancias nunca fueron tan favorables para solicitar su retorno. Del lado mexicano, en Charcas y en el estado de San Luis Potosí todo está a punto. O casi. Sólo falta quizás que el nuevo presidente Andrés Manuel López Obrador y sus equipos puedan empezar a ocuparse de asuntos como este. 

Mientras, cada cual mueve sus fichas, y Charcas acaba de volver a las reservas del Museo Nacional de Historia Natural de París donde pasó las últimas décadas, tras haber sido hasta el 6 de enero pasado uno de los 300 cuerpos estelares de la exposición “Meteoritos. Entre Cielo y Tierra”. 

¿Cómo llegó Charcas a Francia? 

El inopinado viaje a París de esa mole de hierro de tonos tostados y 756 kilos de peso comenzó en 1804, cuando su existencia fue reportada por el mineralogista Friedrich Traugott Sonnenschmidt, geólogo jefe de una delegación de expertos sajones enviada a Nueva España por Carlos IV para aumentar su producción minera.

El monolito había sido hallado en una hacienda local antes de ser trasladado al atrio de la Iglesia de San Francisco de Charcas. Allí gustó como regalo imperial al comandante de la derrotada segunda intervención francesa en México, el mariscal Achille Bazaine (1811-1888). Personaje que por aquel entonces todavía era considerado en Francia como un mando colonial ejemplar y militar de gran valía.

De retirada al frente del ejército francés, empujado por la punzante contraofensiva republicana, inquieto quizás ante la idea de retornar de vacío a su país, Bazaine optó por dar a Charcas por suyo y regalar la valiosa piedra a Napoleón III. 

El meteorito Charcas en la exposición “Meteoritos. Entre Cielo y Tierra”.
El meteorito Charcas en la exposición “Meteoritos. Entre Cielo y Tierra”.

El 1 de enero de 1867, el diario La Sociedad informaba de que el meteorito Charcas había sido trasladado por el ejército francés por orden de Bazaine y embarcado rumbo a Europa. 

Queda por certificar si el militar francés, que en 1873 sería condenado a muerte por traición, incluyó la roca sideral en su botín de guerra, o si llegó a negociarla por un precio irrisorio; si se la hizo regalar o si prometió llevársela a París temporalmente, para su estudio y análisis.  

Dadas las costumbres coloniales de la época en materia de saqueos y el currículum de Bazaine, impregnado de extrema crueldad y ansias de poder, resulta difícil pensar que en esa ocasión pudiese haber utilizado métodos suaves para llevarse el venerable bólido.  

El poderío de la piedra extraterrestre no impidió al mariscal caer en desgracia ante Napoleón III. De hecho, hacía tiempo que el emperador se había percatado de que Bazaine desobedecía sus órdenes. Pero el vencedor de Puebla gozaba de tanta popularidad que era intocable ante la opinión pública, y pese a su derrota final mexicana siguió dándole mandos importantes. 

En cuanto a Charcas, tras haber sido exhibida en la Exposición Universal de París de 1867, entró a formar parte de los fondos del Museum Nacional de Historia Natural (MNHN) al año siguiente. Sin poder dar detalle alguno de su periplo hasta llegar a Francia, el actual responsable de sus fondos extraterrestres, el astrofísico Matthieu Gounelle, sabe tan sólo que “se lo regaló Bazaine a Napoleón III” ya que eso “es lo único que dice el catálogo del museum”.

¿Dónde está el meteorito y qué se sabe de él?

La colección del MNHN es la tercera más importante del mundo, con más de 4.000 especímenes de unas 1.500 rocas extraterrestres diferentes. Así que, habitualmente, Charcas no está a la vista, sino en las reservas, como constató el físico José Luis Morán López, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), cuando hace una década intentó contemplarlo y lo supo “en una bodega a la cual se tenía acceso sólo bajo autorización previa”. 

Sala de la exposición “Meteoritos. Entre Cielo y Tierra”.
Sala de la exposición “Meteoritos. Entre Cielo y Tierra”.

La imposibilidad de que el público disfrute habitualmente de tan rica colección fue una de las razones por las que Gounelle organizó la muestra con 300 de sus mejores piezas y un sinfín de documentos escritos y audiovisuales, maquetas, reconstrucción de cráteres, juegos, actividades interactivas y obras de arte contemporáneas relacionadas con el tema. Todo, enmarcado en una atractiva escenografía creada por Sophie Grisolia. El resultado, apto para todos los públicos, atrajo a más de 300.000 visitantes entre noviembre de 2017 y enero de 2019. 

Del gran pedazo de hierro cósmico que tenía en México la reputación “de poder remediar la infertilidad de quien lo tocaba” pudieron verse tres elementos: la gran masa de casi una tonelada de peso, la más voluminosa de la exhibición, y dos fragmentos de pequeño tamaño en una vitrina vecina. Los tres procedentes del corazón del mismo asteroide. Del mismo núcleo metálico de uno de esos objetos celestes que al fundirse por el efecto de la radioactividad y las altas temperaturas se diferencian en varias capas, quedando en el centro el hierro, su material más denso. 

 

Hoja del Códice Telleriano-Remensis, producido en México en el siglo XVI, en cuya parte superior derecha aparece representado la caída de un meteorito, que los aztecas consideraban excremento divino

Hoja del Códice Telleriano-Remensis, producido en México en el siglo XVI, en cuya parte superior derecha aparece representado la caída de un meteorito, que los aztecas consideraban excremento divino

Por internet, el visitante virtual puede tener acceso a un archivo del Museum con 16 documentos originarios de Charcas, la roca principal y otros 15 especímenes de entre varios gramos y algo más de un kilogramo de peso. 

En el catálogo, se puede contemplar la lista de Holosideritos (hierros de origen celeste) procedentes de África, Europa y América, que poseía el Museum en 1868. Además de Charcas, figuraban otros tres aerolitos mexicanos, Zacatecas, Toluca y Durango, de cuyo viaje a París, Gounelle carecía de información. 

¿Qué es el informe Savoy-Sarr?

Salvo rarísimas excepciones, en general relacionadas con restos humanos y sagrados, conseguir de Francia la restitución de una obra o bien cultural era imposible. Las cosas empezaron a cambiar por primera vez hace dos meses, con la publicación del llamado “informe Savoy-Sarr”. Lo había encargado Macron un año antes, tras su discurso de Uagadugú, capital de Burkina Faso, donde, para estupor de unos y alegría de otros, expresó su gran inquietud por el patrimonio africano expoliado y su prioridad de solventar esa situación que afecta a más de 90.000 obras conservadas hoy en los museos públicos franceses. 

“Quiero que, de aquí a cinco años, se reúnan las condiciones para la restitución temporal o definitiva del patrimonio africano a África”, dijo exactamente Macron en noviembre de 2017, dándose, cierto, bastante margen de maniobra. El suficiente para sorprender a todo el mundo y salir en muchas fotos.

Sus palabras parecían haber caído en el olvido cuando la historiadora del arte Bénédicte Savoy, profesora del Colegio de Francia, y el conocido intelectual senegalés Felwine Sarr le entregaron el 23 de noviembre su informe sobre las modalidades de restitución, que en su opinión solo podían ser definitivas.

En 240 páginas, el binomio Savoy-Sarr revelaba su convicción de que el proceso de restitución era global, “irreversible” y debía ser definitivo, ya que los museos occidentales, no sólo franceses, iban a poder afrontar al fin “el lado oscuro” de sus fondos, enriquecido gracias a robos, saqueos, botines de guerra o simple “asimetría de fuerzas”, ese fenómeno por el que alguien se ve “obligado a ceder objetos que normalmente no habría cedido”.

Si bien tomaron como punto de partida el concepto de que las captaciones patrimoniales “son un crimen contra los pueblos”, redujeron el perímetro macroniano de restitución al África subsahariana, por considerar que allí estaban los países que habían perdido la práctica totalidad de su patrimonio.

Recomendaron para ello inventariar con exactitud y total transparencia el recorrido de cada obra. Inmenso trabajo que desde luego no es el más privilegiado hasta ahora en los museos franceses, como pudimos comprobar en el caso de Charcas.

Sus otras dos recomendaciones principales consisten en crear una comisión mixta bilateral examine el origen de cada pieza que solicite un país, y modificar el código del patrimonio francés para poder responder a su demanda.  

Dicho así parece poca cosa. 

Lista de los Holosideritos que integraban en 1868 la colección de meteoritos del Museo Nacional de Historia Natural de París.
Lista de los Holosideritos que integraban en 1868 la colección de meteoritos del Museo Nacional de Historia Natural de París.

De acuerdo con Savoy y Sarr, además, el deber de restitución a la expoliada África es un asunto familiar y concierne a la civilización occidental, en particular europea, encabezada por el Reino Unido, Alemania y Bélgica, aunque recuerdan que también conservan lo que no debería ser suyo países como Italia, Austria, Holanda o España.

Precisan al respecto que el Museo Real del África Central de Bélgica posee 180.000 piezas africanas, el futuro Humboldt Forum de Berlín –a cuyos promotores acusan de “amnesia colonial”–, 75.000, y el British Museum 69.000. No sorprende que ninguno de sus representantes haya mostrado entusiasmo con el concepto de familia evocado por los autores. 

La cuestión despierta y refuerza inevitablemente otras muchas ansias de recuperación tan justas y nobles como la de los mármoles del Partenón, por poner un ejemplo palpitante, que Grecia y Reino Unido dirimen en las instancias “ad hoc” de la Unesco desde hace décadas, con total eficacia o ineficacia, según se mire. 

Por el momento “sólo se han visto demandas de restitución de África y del Magreb”, pero no de América Latina, indicó el que fuese responsable del Programa de Lucha Contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales y en favor de la restitución de la Unesco hasta el pasado diciembre, el jurista Edouard Planche.

Primeras reacciones 

En lo que concierne a Francia, el presidente del Museo del quai Branly, Stéphane Martin, auguró de inmediato que “el Elíseo (la presidencia francesa) no endosaría “la idea de restitución masiva” recomendada por los expertos, y así parecen decantarse las cosas de momento.

También se movió deprisa  el perito tasador Alexandre Giquello, quien resumió el sentir de su colectivo en la web cultural de la televisión pública francesa, Culturebox.com: con “absoluto respeto” a la “formidable” decisión presidencial, el experto en ventas de arte primitivo consideró los “principios nobles, pero completamente inaplicables” del informe Savoy-Sarr. Debido, en su opinión, a la falta de museos en África para recibir las obras y a la dificultad de aportar pruebas de las eventuales condiciones fraudulentas en que las estas llegaron a los museos públicos. 

Senegal tardó solo unos días en hacer saber mediante declaraciones a la prensa de su titular de Cultura, Abdu Latif Coulibaly, que deseaba la restitución de “todas las obras” identificadas en Francia como originarias de su país. “Si tenemos 10.000, deseamos tener las 10.000”, dijo el ministro al presentar el Museo de las Civilizaciones Negras de Dakar, dos días antes de su inauguración.

Más realista, el ministro de Cultura de Costa de Marfil, Maurice Bandaman, anunció que su país reclamaba 148 obras a Francia y que pensaban recuperarlas, al menos una parte ya en 2019.

"el Elíseo anunció una pronta y simbólica restitución a Benín de 26 tesoros nacionales reclamados desde hace años"

Tal y como vaticinaba Martin al comentar la imposible promesa, el Elíseo anunció una pronta y simbólica restitución a Benín de 26 tesoros nacionales reclamados desde hace años, pero de paso, en el mismo comunicado, confió “a los ministerios de Cultura y de Asuntos Exteriores la responsabilidad de franquear las próximas etapas, decisivas para alcanzar el objetivo fijado”. 

Mientras medios africanos y anglófonos comienzan a agitar la bandera de la restitución, pocas voces más se alzan en Francia a favor o contra el proyecto macroniano. Entre las excepciones figura el conservador del museo Matisse de Cateau, Patrice Deparpe, presidente de la Association des conservateurs de musées des Hauts-de-France, frontalmente opuesto a toda restitución. 

El responsable de la colección meteórica del MNHN ha recordado que para restituir un bien patrimonial “hace falta una ley del parlamento” y, sobre todo, que “hay una diferencia” sustancial entre meteoritos y bienes arqueológicos o culturales: que los primeros son tan especiales que existen muchas menos leyes que les conciernen”, y protegen. 

Dos puntos de vista mexicanos en París 

Para el consejero jurídico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Roberto Kugler, “la política de México, hasta ahora, no ha sido rehacer la historia” ni vaciar los museos, pese a que el patrimonio arqueológico precolombino está protegido por ley desde hace décadas como patrimonio nacional, inalienable e imprescriptible.

El informe Savoy-Sarr, añade, “tiene sus deficiencias y está muy limitado al caso francés”, pues parte de la suposición de que “no existe ya nada en África” y toma como única fuente una publicación de la Unesco. Una manera “muy particular de cómo tratar su propio pasado”, explica el abogado, que en 2018 desempeñó un notable papel en la recuperación de dos piezas arqueológicas de origen olmeca, de tres mil años de antigüedad.

Kugler se encontraba en París a mediados de diciembre para participar en un coloquio sobre protección del patrimonio, al igual que el director del departamento de Arte de la Universidad Iberoamericana de México, Alberto Soto, muy crítico con la iniciativa de Macron, porque “ofrecer una restitución es una salida muy sencilla para no ofrecer lazos reales en el presente” y porque “no se puede poner a litigar a nuestros embajadores, a nuestros diplomáticos, por causas que tienen naturaleza política”.

¿Qué piensan en el ministerio de Cultura francés? 

“Estamos reflexionando sobre cómo vamos a poder aplicar todo esto, y con mesura, evidentemente. De ningún modo se dará un tratamiento maximalista”, explica la alta funcionaria del ministerio de Cultura Claire Chastanier, figura y departamento clave en el servicio de la dirección general de los patrimonios de Francia. 

“Como guardianes de las colecciones francesas -asevera- tenemos la legitimidad de haberlas conservado. Será legitimidad contra legitimidad”.

Al contrario, preguntada sobre la posibilidad de que otros países no africanos como México puedan aprovechar la brecha abierta para solicitar piezas particularmente valiosas para ellos, estima que, en efecto, “ese era el riesgo” (de la iniciativa macroniana). Pero, agrega, “hay demandas legítimas que podrán ser estudiadas”.

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